¿Una cerveza después de entrenar?

La cerveza se considera como una de las bebidas fermentadas más antiguas de la humanidad. Desde su origen, ha sido un elemento primordial en las relaciones interpersonales y sociales.
Cuanto más aprieta el calor, más ganas dan de beberse una cervecita bien fría con buena compañía, ¿de verdad todos los que entrenamos tenemos prohibido tomarnos una?

La respuesta es NO. Podrías pensar que tomar una cerveza después de entrenar es una pésima elección y que arruinará todo el esfuerzo que has dedicado en tu sesión, sin embargo, esto no tiene porqué ser así, ya que esta bebida contiene multitud de elementos beneficiosos.

La cerveza contiene electrolitos (como son el sodio y el potasio), componentes que dirigen la electricidad en el fluido, hacen llegar el mensaje a los nervios y distribuyen el agua en el cuerpo. Por otro lado, también posee elementos de calcio, selenio, flúor, fosfato y magnesio.

Existe, además, un beneficio potencial a la hora de tomar una cerveza tras el ejercicio, más que el de beber agua simplemente, y es que la primera es mucho más efectiva a la hora de rehidratar el cuerpo. Investigadores piensan que la cerveza es carbonatada y contiene azúcares y sal, lo que implica que el estómago lo absorbe más rápido. Así mismo, la cerveza tras el ejercicio reduce los niveles de cortisol, es decir, ¡ayuda a eliminar el estrés! El etanol, otro compuesto de esta bebida, dilata los vasos sanguíneos de la piel, favoreciendo la disipación del calor y bajar la temperatura corporal.

Así que, ¡no te preocupes! Bébete una cerveza bien fresquita tras una sesión de entrenamiento, te ayudará a relajarte y rehidratará tu cuerpo, pero eso sí, ¡con moderación! sino acabarás con una resaca importante…

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